El regreso a clases. Esa semana de transición entre la vacación y el trabajo, la fantasía y la realidad. Hasta gente como yo, que no tiene horario “normal” siente el cambio. Todo se alenta, la gente guarda energía, dinero, hasta los cines se vacían; sólo a algún curioso se le ocurrirá ir a ver una película Hollywoodense o, sí es sabio, la mexicana recíen estrenada en donde actúo yo, “Así es la Suerte” (protagonizada por Mauricio Isaac y Poncho Herrera, ni más ni menos).
Y esta actriz, aventurera en Los Ángeles, siente el impacto de no subirse a un avión y regresar a casa como todos los demás vacacionistas. Se enfrenta a las tareas cotidianas de buscar donde vivir a largo plazo, y, claro, como pagarlo.Y me da miedo pensar que aquellos milagros también eran vacacionistas, y que ahora la realidad será más dura. Todo es posible.
Continúan las audiciones, pero todo parece ir más lento. No hay noticias novedosas de algún trabajo nuevo. Durante un momento siento la rutina. La única emoción es recibir felicitaciones de invitados anónimos que atienden la obra en la que actúo “The Dark Side of the Moon”. Se siente el silencio.
De pronto, resulta que uno de los invitados a la obra es un actor “famoso”, conocido por películas como Jurassic Park y Día de la Independencia. Esta vez el elenco sale a recibir las gracias más emocionado. Entonces, el dicho actor nos invita a escucharlo tocar jazz. Observo como nos convertimos en niños, felices de sentir reconocimiento de aquel que si lo logró.
La siguiente noche la paso escuchando música jazz de suma calidad, viendo como gente ansiosa se acerca para tomarse una foto con él, toda una celebridad. Me recuerda donde estoy, en esta ciudad donde se vuelve normal el tomarse una copa mientras la celebridad “X” te canta casi al oído, emociona sentir eso tan lejos y tan cerca. Sin embargo, encuentro que el milagro es justamente no apabullarme con su fama, si no observarlo de lejos, sonreir, y saber que estoy en el lugar indicado.