Cuando empiezas a vivir en una ciudad nueva, en este caso Los Ángeles, entras en un estado de despertar. Los colores brillan más, los sonidos son más claros. Todo está resaltado debido a la novedad. Poco a poco, uno empieza a acostumbrarse a vivir donde sea, y aquella novedad se vuelve normalidad. Entonces, pasa lo contrario. Cuando regresas a tu ciudad origen, aquella que ya era costumbre, vuelves a ver los colores como la primera vez.
Regresé a México por una semana. Fui específicamente a la premiere de una película que estrena hoy en la cual estoy muy orgullosa de haber actuado, “Así es la Suerte”, dirigida por Juan Carlos de Llaca, protagonizada por Mauricio Isaac, Irene Azuela y Alfonso Herrera, donde encarno a la novia del personaje de Poncho, Clara.
Tenía los días contados y cada segundo apartado para algún trabajo específico o algún ser amado que quería ver. Me moría de emoción y de pánico, sentía que justo empezaba a sentirme estable en Los Ángeles. Ir a México me iba a quitar esa paz, me iba a llenar de dolor la despedida.
Por un lado, tenía razón. Casi ni dormí en la semana que estuve allá, prefería estar despierta y aprovechar cada momento para reirmecon las bromas de mi hermano, compartir intimidades con aquel mejor amigo mientras comía quesadillas fritas de huitlacoche. Sentí un gran orgullo y al mismo tiempo, incertidumbre, al escuchar a mis amigos actores trabajando en aquella nueva película, serie, telenovela. Verlos cosechar lo que llevamos años sembrando, cuando yo en Los Ángeles apenas empiezo a sembrar.
La confusión se quiso apoderar aún más cuando me tocó caminar la alfombra roja el lunes, acompañada de actores que respeto profundamente y ver la película en la que yo actuaba. ¿Y si mejor me quedo en México?
Sin embargo, soy muy afortunada de tener amigos y familia que me aman mucho. Ni uno lo permitió, nadie dijo “quedate”. Hasta mi mamá, entre lágrimas, me empacó la maleta asegurándose de que llevara más de lo necesario. “Vete, vive” . México te esperará y no se irá a ningún lado. Piensa que tienes dos hogares, no uno. Que puedes ir y venir, trabajar y amar en ambos lugares. Ahora te toca sembrar en Los Ángeles, convertirlo en tu nuevo hogar para poder cosechar en ambos lugares. Ampliar tu jardín.
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