miércoles, 5 de octubre de 2011

El Comercial

Dicen que el trabajo del actor es buscar trabajo. Es audicionar y convencer de que eres el indicado para encarnar el papel. Un trabajo interminable, después de cada proyecto, empieza la búsqueda.
Así que cuando un actor consigue un papel es una celebración. La mía es ahora la filmación de un comercial en Los Ángeles. Llega el día y despierto como niña chiquita a la espera de Disneylandia.”¿Cuanto falta, cuanto falta?”.
Sólo me preocupa llegar a tiempo. Salgo de mi casa una hora antes siguiendo todas las instrucciones del indispensable GPS. La locación queda lejos, no hay tiempo que perder. Llego puntual peor no hay nadie, ni crew, ni luces, ni nada; sólo casas en silencio. Al marcar me dicen que estoy en el lugar equivocado. Me empieza a subir el calor a la cara, siento un hoyo en el estómago... estoy en la misma calle pero del otro lado de la ciudad, a una hora de Downtown, donde toda la producción me espera. Pienso “me van a correr”. Doy media vuelta y ruego a los dioses que no haya tráfico. Los dioses me fallan, cada vez que se para el tráfico siento que se me sale el corazón. Una hora después llego al set. Rápido me maquillan, me visten, con sonrisa tensa. Mi primer comercial en Los Ángeles y soy la actriz que llegó tarde, no me van a volver a contratar... me quiero morir.
Paso las siguientes 5 horas filmando las escenas, pero con la cámara sobre los otros actores, mi toma será la última. Cinco horas de sentir que no agrado, sabiendo que todo depende de cómo saldrá mi toma. Llega el momento, mi escena es cómica y todos me observan en silencio. La primera toma dura 5 minutos. Todos los ojos sobre mí. ¡CORTE! Y escucho el mejor sonido del mundo... carcajadas. Risa del director, el fotógrafo, el cliente que mira el monitor desde fuera. “¡Padrísimo, increible!”. Respiro.
Me felicitan. “Será un placer volver a trabajar contigo”. Me doy cuenta de que vivo en una eterna audición. El placer sólo duró 10 minutos. Debo de ser masoquista... porque me encanta.

El Éxito

Éxito, éxito. Creo que si hay algo que ahora todos buscamos es eso: el éxito. Es el fuego detrás de nuestra ambición y al mismo tiempo la joroba que llevamos sobre la espalda. Hay que ser existoso.
La presión es brutal, el sueño es enorme. Creo que no hay ninguna persona que se levante en la mañana y diga “yo quiero ser un fracasado”. Uff, fracaso. Una palabra aún más grande y pesada. Y, con eso en mente, hoy me pregunto ¿pero que %$&% es el éxito?
¿Ya lo tendré? ¿Lo tuve y se me fue? ¿Me lo comí de desayuno y ni cuenta me di? Estoy más bien empezando a creer que no existe, o mínimo no en las áreas donde uno lo cree encontrar. El primero, el más obvio: el trabajo. ¿Cuantas veces nos preguntan que en qué andamos o cómo estamos y lo primero con lo que contestamos es la lista de trabajo que tenemos? Mínimo, en la comunidad actoral uno inmediatamente desempolva el curriculum para comprobar que uno está o muy bien o muy mal. La cantidad de proyectos que he hecho son 100% equivalentes a cuánto sonrío durante el día. Cuando me preguntan cómo me va de actriz en Los Ángeles inmediatamente contesto que muy bien, ya estoy haciendo una obra, hice el trailer de una peli, voy a hacer...”. Pero de ahí no viene mi felicidad de estar en esta ciudad Californiana. Sí, por eso estoy aquí, para trabajar, pero no es lo que me mantiene positiva, es algo más.
Este fin de semana lo pude reconocer, un momento de plena felicidad. Pedí una pizza (¡y la pizzería nos mandó otra gratis!) y me tomé una copa de vino con amigos en mi casa. Fue de los momentos más mágicos que he tenido. Nos reímos, nos asoleamos en un calor brutal. Y en la noche, nos sentamos en el jardín en silencio total. Estuvimos así como 15 minutos, escuchando los grillos, las aves nocturnas, la sinfonía de la naturaleza y sentí que se me salía el corazón. Sentí más emoción que en cualquiera audición. Sentí dicha. El silencio nos regaló intimidad, algo que no pensé tener tan pronto, un instante de darme cuenta que no estoy sola. Y díganme, ¿hay éxito más profundo que ese?  

martes, 30 de agosto de 2011

Back to School


El regreso a clases. Esa semana de transición entre la vacación y el trabajo, la fantasía y la realidad. Hasta gente como yo, que no tiene horario “normal” siente el cambio. Todo se alenta, la gente guarda energía, dinero, hasta los cines se vacían; sólo a algún curioso se le ocurrirá ir a ver una película Hollywoodense o, sí es sabio, la mexicana recíen estrenada en donde actúo yo, “Así es la Suerte” (protagonizada por Mauricio Isaac y Poncho Herrera, ni más ni menos).
Y esta actriz, aventurera en Los Ángeles, siente el impacto de no subirse a un avión y regresar a casa como todos los demás vacacionistas. Se enfrenta a las tareas cotidianas de buscar donde vivir a largo plazo, y, claro, como pagarlo.Y me da miedo pensar que aquellos milagros también eran vacacionistas, y que ahora la realidad será más dura. Todo es posible.
Continúan las audiciones, pero todo parece ir más lento. No hay noticias novedosas de algún trabajo nuevo. Durante un momento siento la rutina. La única emoción es recibir felicitaciones de invitados anónimos que atienden la obra en la que actúo “The Dark Side of the Moon”. Se siente el silencio.
De pronto, resulta que uno de los invitados a la obra es un actor “famoso”, conocido por películas como Jurassic Park y Día de la Independencia. Esta vez el elenco sale a recibir las gracias más emocionado. Entonces, el dicho actor nos invita a escucharlo tocar jazz. Observo como nos convertimos en niños, felices de sentir reconocimiento de aquel que si lo logró.
La siguiente noche la paso escuchando música jazz de suma calidad, viendo como gente ansiosa se acerca para tomarse una foto con él, toda una celebridad. Me recuerda donde estoy, en esta ciudad donde se vuelve normal el tomarse una copa mientras la celebridad “X” te canta casi al oído, emociona sentir eso tan lejos y tan cerca. Sin embargo, encuentro que el milagro es justamente no apabullarme con su fama, si no observarlo de lejos, sonreir, y saber que estoy en el lugar indicado.

El Regreso


Cuando empiezas a vivir en una ciudad nueva, en este caso Los Ángeles, entras en un estado de despertar. Los colores brillan más, los sonidos son más claros. Todo está resaltado debido a la novedad. Poco a poco, uno empieza a acostumbrarse a vivir donde sea, y aquella novedad se vuelve normalidad. Entonces, pasa lo contrario. Cuando regresas a tu ciudad origen, aquella que ya era costumbre, vuelves a ver los colores como la primera vez.
Regresé a México por una semana. Fui específicamente a la premiere de una película que estrena hoy en la cual estoy muy orgullosa de haber actuado, “Así es la Suerte”, dirigida por Juan Carlos de Llaca, protagonizada por Mauricio Isaac, Irene Azuela y Alfonso Herrera, donde encarno a la novia del personaje de Poncho, Clara.
Tenía los días contados y cada segundo apartado para algún trabajo específico o algún ser amado que quería ver. Me moría de emoción y de pánico, sentía que justo empezaba a sentirme estable en Los Ángeles. Ir a México me iba a quitar esa paz, me iba a llenar de dolor la despedida.
Por un lado, tenía razón. Casi ni dormí en la semana que estuve allá, prefería estar despierta y aprovechar cada momento para reirmecon las bromas de mi hermano, compartir intimidades con aquel mejor amigo mientras comía quesadillas fritas de huitlacoche. Sentí un gran orgullo y al mismo tiempo, incertidumbre, al escuchar a mis amigos actores trabajando en aquella nueva película, serie, telenovela. Verlos cosechar lo que llevamos años sembrando, cuando yo en Los Ángeles apenas empiezo a sembrar.
La confusión se quiso apoderar aún más cuando me tocó caminar la alfombra roja el lunes, acompañada de actores que respeto profundamente y ver la película en la que yo actuaba. ¿Y si mejor me quedo en México?
Sin embargo, soy muy afortunada de tener amigos y familia que me aman mucho. Ni uno lo permitió, nadie dijo “quedate”. Hasta mi mamá, entre lágrimas, me empacó la maleta asegurándose de que llevara más de lo necesario. “Vete, vive” . México te esperará y no se irá a ningún lado. Piensa que tienes dos hogares, no uno. Que puedes ir y venir, trabajar y amar en ambos lugares. Ahora te toca sembrar en Los Ángeles, convertirlo en tu nuevo hogar para poder cosechar en ambos lugares. Ampliar tu jardín.

Los dos milagro


Es chistoso pensar que tu vida se ha vuelto materia de reportaje, de columna, casi de ficción. Como actriz estoy acostumbrada a analizar la vida de otro, de algun personaje externo. Pero ahora, me siento semana tras semana frente a una computadora a analizar la vida de este personaje, Valeria Maldonado, y busco como entretenerlos, conmoverlos o simplemente no aburrirlos con mis aventuras, dudas, decisiones... aquello que yo llamo “mi vida”. ¿En que momento empecé yo a vivir algo digno de contarse?
Sea como sea, mi aventura continúa en Los Angeles, donde día a día busco aquello tan cotizado hoy en día: el trabajo. Después de mi primera audición, quedé satisfecha. Sabiendo que uno hace diez mil audiciones para lograr que lo contraten en un trabajo, que el camino es largo y más en esta ciudad.
Así que entenderán mi sorpresa, cuando al par de días recibo una llamada a mi celular informándome que estaba contratada como actriz en la obra de teatro y que los ensayos empezarían inmediatamente. ¡QUE ME HABÍAN DADO EL PAPEL! Me habían dado el papel en mi primera audición... absolutamente increíble.
A seguir trabajando, y a los tres días, se aparece mi segunda audición. Una película independiente buscando quien interprerara a una mamá joven chicana de 19 años; el tipo que pertenece a una pandilla violenta y que habla con un acento de la parte ruda de la ciudad. Pedían verme a mí, que lo único que tenía en común era el ser latina y, mujer. Una voz adentro de mí decía “nunca te lo van a dar”. Así que me lancé sin presión, a jugar.
No sé como explicarles el momento en el que sonó mi teléfono con la noticia de que este papel también me lo habían dado. Estaba cruzando el patio de mi casa, bolsa en mano y tuve que soltar todo para, sin pena alguna, brincar, bailar, y gritarle GRACIAS a la luna californiana que me sonreía desde arriba. Dos audiciones, dos papeles. UN MILAGRO. Quizás por eso me animo a contarles mi historia, para ver si así me la creo yo.

Primera audición


Mi primera audición.... demósle bienvenida a la emoción y al...pánico. Claro si a eso vengo, claro, si estoy bien preparada; pero a los tiburones de mi casa los conozco, ¿y si estos son más feroces, y si estos muerden más fuerte?
Y todo es nuevo, ¿cómo te vistes? En alguna clase americana de audiciones que tomé hace años me habían enseñado que con vestido casual y tacón. Así que a seguir esas reglas, a buscar el mapa de donde es y a manejar hacia allá. Me estaciono en el centro comercial famoso del Kodak Theatre (cede de ni más ni menos que los Oscares) y empiezo lo que yo espero sea una corta caminata.... en el sol ardiente californiano... en tacones (repito)... y, a la mexicana, unos minutos tarde. Y claro, resulta que la caminata no es corta y empiezo a retrasarme más y más minutos, muy en el fondo pensando “ya es muy tarde, mejor me regreso, no tiene caso”. Esa vocecita que siempre sale cuando menos la necesitamos, y que es justo cuando se debe ignorar. Así que la ignoro, y llego. Soy la penúltima en llegar, ya todo ha empezado. Me toca la humillación de que todos me vean llegar tarde, y de ser la única entaconada, todos los demás visten short y sandalia. Se van a formar grupos de cuatro que pasarán juntos, y a mi obvio me toca en el último. La única instrucción que se nos da es “todos con curriculum y foto en mano”. Ambas cosas, que OBVIAMENTE NO TRAIGO. Sudo aún más y siento como mi cara se vuelve un foco brillante nada atractivo. Agradezco al universo ser del último grupo y pregunto si hay un lugar para imprimir fotos de actores cerca, y claro, hay uno en la misma esquina y como cuatro más en la siguiente cuadra... esta de verdad es tierra de actores.
Regreso a la audición justo cuando está por pasar mi grupo y, como dicen en las documentales de suspenso, “todo pasó tan rápido”. En unos minutos estoy fuera y no sé ni que pasó. Sé que hice lo que pude y fui lo que soy. Lo de más queda en manos del destino. Salgo y estoy sobre Sunset Boulevard, sintiendóme actriz de Los Ángeles.
Un par de días después, el destino me marca, es el teatro, son noticias sobre la audición.

El Antro


 Hay una imágen de Los Ángeles que es la más publicitada: un coche último modelo convertible, con una pareja muy parecida a Barbie y Ken, manejando entre boutiques de diseñadores donde posiblemente esté tu estrella de cine favorita comprándose el vestido del día.
Durante los primeros días ese Los Ángeles, que por un lado me atraía y por otro me aterraba, ese no lo vi. Vi, más bien, por un lado un Los Ángeles plagado de turistas, o por otro, un Chinatown con 15 camas de masajes dentro de un local tamaño tienda de abarrotes, o calles residenciales parecidas a el set de Esposas Desesperadas, con mucho movimiento, pero sin lo plástico esperado. La verdad, eso me hizo feliz.
Vino el fin de semana y una invitación para ir a uno de los clubes más cotizados de la ciudad. Pensé encontrarme con la elegancia, con una que otra celebridad; pero jamás con lo encontrado: enanitos vestidos de magos, mujeres sumamente altas, ligeramente obesas con muy poca ropa; un circo morboso, atractivo y grotesco.Y, ahora sí, entre los invitados puro Barbie y Ken, haciendo a esta mexicana sentirse de regreso a la secundaria cuando todos eran cool y yo no. Al principio me sentí intimidada, y apanicada. Estaba por fin viendo el ruedo donde me tocaba entrar a competir y, no les miento, me dieron ganas de salir corriendo, regresar a mi casa, meterme a mi cama y decir “¡Mamá!”. Todas están preciosas, todos tienen poder, y tú ahí estas confiando en esta cosita que tienes tú: talento. Y es que dentro del glamur estaba también lo decadente. La siguiente mañana amanecí asustada, pensando “yo no quiero eso”.
Tenía ganas de regresar a casa, pero prendo la televisión y ahí están cantidad de series y películas que muero de ganas de hacer. Tan lejos pero tan cerca. Me vuelvo a agarrar de mi sueño, de mi confianza, de la maravilla que es ser yo sólo por ser única. Me recuerdo que estoy aquí para trabajar y en eso entra una llamada: mi primera audición. 

martes, 23 de agosto de 2011

El Choque


Cuando una es actriz , es común recibir dicha frase“ ¿Eres actriz? A ver, llora.” Enunciado que, no suele ser del agrado de muchos actores. Otra pregunta incómoda suele ser :“ ¿Y qué? ¿Para cuándo te vas a Hollywood y te haces famosa?”. Esto por lo general ocasiona en nosotros risa nerviosa, ofensa o un simple “Yo estoy muy contento trabajando en México”. Respuesta absolutamente cierta en mi caso. Sin embargo, si hoy me volvieran a preguntar cuando me iba a Los Ángeles, la respuesta sería: hoy.
            Me tocó ser aquella actriz que se va en busca de trabajo a Los Ángeles no por falta de trabajo, ni por falta de felicidad, sino por que cuando se presenta una oportunidad uno puede sonreír y decir no gracias, o la puede tomar. Y yo la tomé.
            Aterrizo en el mundo de palmeras californianas directo a clase de actuación en la escuela Stella Adler, justo en medio del Hollywood Boulevard, calle famosa por sus estrellas bautizadas por celebridades . Me incorporo a una escuela llena de actores que, muy en el fondo, están apartando desde ahora su propia estrella.
            Paso dos días de fascinación, de encanto californiano con un toque de soledad. California será muy bello, pero los amigos se quedaron en México… Y justo cuando estoy manejando hacia la clase en un coche que es importante decir que ME PRESTARON, siento como otro coche me pega por atrás.
            Me bajo del coche a encontrarme ese otro lado de California que a uno no le presumen: una mujer de 40 años bajo el efecto de alguna droga, disculpándose por haberse quedado dormida. Una inmigrante ilegal francesa que vive en su coche y que durante las siguientes dos horas de trámites se queda dormida más de 4 veces mientras está hablando.
            Así que California me recibe con encanto y con un buen trancazo. Me quedo con la imágen de aquella mujer que quizá en un momento quiso ser actriz y se quedó en la calle… No la olvido. Esa imagen me obligará a trabajar el triple para asegurarme de que algún día no me vaya yo a convertir en otra mujer que, ya sin sueños, se quede dormida y le choque a una joven actriz recién llegada de México.

My weekly column

Hi everybody! So just a brief explanation on what this blog entails for those who don't know me at all. I am Valeria Maldonado, a Mexican/American female actor who after having participated in several plays, a couple tv series and three feature films (Así es la Suerte, The Tequila Effect and Travesía al Desierto), all in Mexico, decided to now cross-over to LA to start working as an actor there as well.
This caught the attention of the press, and a newspaper in Mexico called "Publimetro"  asked me to write a weekly column based on my experience crossing over. I will upload the columns here, translated, so that more people have access to it!
If you like it, mention it to @Publimetro via twitter or facebook.
Thanks!

Columna publimetro

Bueno, una explicadita de que es este blog para aquellos que no me conocen para nada. Soy Valeria Maldonado, actriz Mexicana. Después de haber participado en varias obras, un par de series de televisión y tres películas (Así es la Suerte, El Efecto Tequila y Travesía al Desierto), decidí emprender la aventura de irme a Los Ángeles.
A Publimetro, y a otras personas (no se bien por que), les interesó la historia y he estado escribiendo una columna semanal para Publimetro que sale cada viernes en la sección entretener. Ahora, abro este blog para aquellos que se perdieron alguna semana y también para aquellos que sólo hablan inglés. Acá iré subiendo las columnas de cada semana.
Por cierto, si les gusta mencionenlo a Publimetro por twitter o facebook, gracias!